Miércoles 24 de abril, 2.534
Mi bisabuelo, Martín García, inventó una ciudad cibernética. El objetivo era que la gente no se tenga que ocupar de nada mas que el estudio y el trabajo. Les cuento; cada ciudad es una sola máquina, un bloque entero, del color del cobre, y a veces plateado. Cada habitación de las casas y departamentos tienen parlantes, que nos enteran de las noticias importantes, y cada día a las 6:00 am, nos llaman para que nos despertemos, y a las 7:00 am suena nuevamente para que vayamos a la escuela o al trabajo. 12:00 am para almorzar, 9:00 pm para cenar, 10:00 pm para que se vayan a dormir los menores, y los mayores de dieciocho, a las 12:00 pm.
Para transportarnos a donde necesitamos, hay una cinta eléctrica. Y la comida, es echa por microondas hexagonales.
Escribo todo esto porque mi sueño es que esto quede en el tiempo y la gente que esté muchos años adelante lo lea y sepa como es la vida ahora. Pero debo esconderlo de las máquinas; no se porqué no nos dejan escribir sobre nuestro modo de vida.
Ahora estoy llendo al colegio Nacional de San Isidro; un edificio azul metálico, grande, con rejas verdes. A las 7:40 am se cierran. Apenas son las 7:20.
Ya estoy en la banca. A cada alumno se le asigna una banca, que esta bajo el piso. Cuando entras al aula, tenes que decirle tu nombre y apellido a un micrófono; éste te toma como presente, y hace que tu banca se levante, hasta la hora de salida
Para las clases, solo hay que escuchar; toda la información que necesitamos después para estudiar, llega a una computadora incrustada a nuestros escritorios de nuestras casas.
Mi bisabuela me solía contar que de chica copiaban en hojas blancas la tarea y la información, con lapiceras.
¡Al fin el recreo! Es tan aburrido escuchar a los profesores... Del banco, sale comida a media mañana y al mediodía.
Me pregunto que habrá en aquella habitación que jamás abren; ni si quiera tenemos permitido acercarnos. Pero, esta noche voy a quedarme cuando la reja cierre, y voy a acercarme; se que allá no hay seguridad.
Ya es de noche. Tengo hasta las 11:55 para llegar a mi casa, así no me registra (así es; registran que estés en tu casa, que hayas salido, etc., y si no cumplís, te anotan; a la tercera vez que lo hacen te encarcelan). Voy a intentar subir hasta allá.
Llegué. Pasó media hora. Veo el aula; esta con persianas, no puedo ver que hay adentro. Hay una reja, y atrás una puerta. Tienen algo raro... Un agujero cada una. Debe ser lo que se llama "cerradura".
Con un clip, logré abrir la reja y la puerta; mi bisabuela me enseño. Pensé que no me iba a servir.
Cuando entro, es tan raro... Es de color blanco opaco... El piso, piedras cuadradas bordo incrustadas. Lo más raro; unas cosas de plástico, compuestas por cuatro barras hacia el piso, unidas por una base cuadrada, y por uno de los lados, un respaldo hacia arriba. ¿Así eran las aulas antes? Tan hermosas...
Estuve un rato largo, pero ya es hora de irme. Faltan cuarenta minutos para que revisen que me acosté. Y no quiero que me anoten.
Irina Ng
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