lunes, 16 de mayo de 2011

Fantasma iluso

Parecía un día común, me levanté antes que Mía y que nuestro hijo, Benjamín. Me preparé el café como todas las mañanas y me acosté en el sillón a ver la tele. A  eso de las 7:30 escuché a mi mujer despertándose, y, como de costumbre, fui a levantar a Benja para que se prepare para el colegio, pero ni se movió, no pronunció palabra, así que lo dejé dormir un rato más.
Fui al sótano, mi "oficina", a terminar los detalles del trabajo que tenia que exponer ese mismo día, pero me encontré con que todas mis cosas estaban en cajas. Cuando fui a preguntarle a Mía que había pasado, se estaba bañando. 
Me fui a vestir y quede atónito al ver una gran lastimadura en mi pecho. Estaba llena de sangre y parecía estar perforada por una bala, pero no sentía dolor alguno. Una mezcla de sentimientos se atascaron en mi garganta; confusión, miedo y preocupación. Corrí hacia Mía y le pregunte que era lo que estaba sucediendo, pero no me respondía, si quiera me miraba a los ojos. Le hablé, la abracé, ¡le grité!, pero no notaba mi presencia, era como si no estuviese ahí. Ella lloraba, y su expresión de tristeza y dolor me partía el corazón en miles de pedazos irrecuperables. Fue en ese momento cuando me pregunté: ¿Seré un fantasma?
Alma Mendiburu
3º 2da T.M

No hay comentarios:

Publicar un comentario